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Cómo pasar del 1% a una cultura neuroinclusiva en el trabajo

Cumplir con la cuota legal de contratación de personas neurodivergentes y/o con discapacidad es sólo el punto de partida. Retener ese talento y potenciar su rendimiento exige transformar el entorno sensorial, los modelos de retroalimentación y la cultura de equipo.

INCLUSIÓN LABORAL

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La promulgación de la Ley 21.015 en Chile marcó un hito en la inclusión sociolaboral al exigir una cuota del 1% de contratación de personas con discapacidad en empresas de 100 o más trabajadores. Sin embargo, los datos recopilados hasta septiembre de 2025 revelan una realidad compleja: de los 142.558 contratos registrados, el 61% ha finalizado. Esto evidencia que el verdadero desafío no radica únicamente en abrir la puerta de entrada al empleo, sino en construir entornos capaces de sostener esas trayectorias en el tiempo.

La rotación se concentra en los contratos iniciados con posterioridad a la ley (64% terminados) y presenta un impacto crítico en la interseccionalidad de género: las mujeres representan solo el 37% de las contrataciones, a pesar de constituir el 64% de la población adulta con discapacidad. Las principales causales de término —vencimiento del plazo (25,6%), renuncia (22,6%) y conclusión del trabajo (18,1%)— sugieren una profunda falta de adaptación estructural.

¿Por qué ocurre esto? Porque contratar no es lo mismo que incluir. Cuando una organización se limita a un cumplimiento puramente administrativo, inserta a la persona en un entorno que no ha cambiado sus dinámicas, esperando que sea el colaborador quien asuma todo el costo de adaptación. Para revertir esta tendencia, es urgente transitar hacia un modelo de gestión basado en la mediación cognitiva y el liderazgo inclusivo.

El error del cumplimiento numérico frente al compliance cultural

El verdadero compliance sociolaboral no consiste en archivar contratos en la Dirección del Trabajo, sino en garantizar equidad y condiciones reales para ejercer las funciones en igualdad de oportunidades. En el caso de talentos en el espectro autista, con TDAH o altas capacidades, las barreras rara vez radican en las competencias técnicas; casi siempre se encuentran en el entorno:

  • Barreras en la comunicación implícita: Instrucciones ambiguas, expectativas de interacción social obligatoria fuera de rol o penalización de la comunicación directa.

  • Sobrecarga ambiental: Oficinas de planta libre (open plan) con contaminación acústica constante, iluminación fluorescente parpadeante e interrupciones permanentes.

  • Sistemas de evaluación estandarizados: Pautas de desempeño que premian la extroversión y el "encaje cultural" genérico por sobre la calidad y rigurosidad del trabajo entregado.

Ajustes razonables: El impacto del diseño y la ergonomía sensorial

Para pasar del cumplimiento legal a la retención del talento, es imperativo implementar ajustes razonables basados en el Diseño Universal. Acciones como habilitar zonas de trabajo silencioso, permitir el uso de audífonos con cancelación de ruido, ajustar la temperatura lumínica o estructurar canales de comunicación escrita para fijar metas reducen los niveles de cortisol del equipo entero, no solo de los colaboradores neurodivergentes.

Flexibilizar la comunicación, adecuar la carga de estímulos en la oficina y adaptar las pautas de evaluación son los verdaderos pilares que transforman un simple contrato en una cultura neuroinclusiva sostenible. Cuando una empresa diseña pensando en la neurodivergencia, optimiza los procesos de concentración y productividad para toda la plantilla.

¿Tu empresa necesita pasar de la cuota al valor estratégico?